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BIBLIOGRAFÍA  RJLIBAN  N°16  del 16 de mayo de 2007

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¿Quién quiere destruir el Líbano?

 

BÉATRICE PATRIE & EMMANUEL ESPAÑOL, Sindbad/Actos Sud col. “L’Actuel”, Marzo 2007, 295 p.

Los autores serán los huéspedes de la próxima comida-debate del Club RJLiban, que tendrá lugar en el martes, 5 junio 2007 en un restaurante libanés en Paris donde celebrarán la firma de su libro

 

Artículo de ANNABELLE HAUTE-CONTRE, publicado en lelitteraire.com el 8 de mayo de 2007

 

Béatrice Patrie es una diputada europea. Dicho antiguo presidente del Sindicato Francés del poder judicial encabeza en la actualidad la delegación interparlamentaria para las relaciones con los países del Mashreq (Jordania, Líbano, Siria, y Egipto). Emmanuel Español es historiador. Ambos formaron parte de los observadores europeos que garantizaron el buen desarrollo de las elecciones legislativas durante junio 2005 en Líbano. Por consiguiente, son los mejores ubicados y los más creíbles para describirnos el follón libanés de los últimos tres años. Ya que los periodistas y políticos olvidan a menudo abarcar en su totalidad eventos comentados con crónica, habida cuenta que, sin una visión global, nadie puede realmente entender lo que ocurre. Por lo tanto, acaso esta prueba es esencial, indispensable para deshacer nudos, ver la realidad de los hechos, y proponernos un proyecto futuro coherente?

 

Antes que nada, el postulado del comienzo. Único. Frío. Imparable pero Auténtico. La guerra del pasado verano 2006 no fue el resultado del azar. A pesar del asesinato de Rafic Hariri, el fervor en la calle dio lugar a un dinamismo singular. Un acto sin sentido pero un resultado probado : la salida del ejército sirio del territorio libanés. Más adelante, las elecciones legislativas consagraron la victoria del frente del 14 de marzo. La coalición favorable a la independencia tomó el poder. Por fin, el futuro parecía posible. De hecho, los asesinatos políticos seguían su curso (Bassel Fleihane, Georges Haoui, Samir Kassir, Gebran Tuéni…). Pero Fouad Siniora, el Presidente del Gobierno, dio el impulso. El despegue económico tuvo lugar. La temporada turística parecía prometedora… sin embargo, la Guerra llegó en un punto crucial rompiendo el dinamismo primaveral de Beirut.

 

La planificación de dicho conflicto por Israel fue una hipótesis plausible, ya que correspondía a los tradicionales métodos y objetivos de los líderes de dicho país:  llevar al conflicto interno entre comunidades  confesiones para convertirse en la única democracia regional, hacer uso de la sanción colectiva para castigar a los libaneses por dar cobijo a la milicia de Hezbolá. Tal como Israel castiga a los palestinos por haber traído democráticamente al poder al movimiento Hamas.  

 

El Líbano hace sombra a su vecino. No solo a nivel económico. Israel quiere imponer su modelo de coexistencia democrática. El estado hebreo ya no tolera la presencia en sus fronteras de una democracia pluralista, pluri-confesional y pluricultural. Puesto que la decepción israelí está basada en la imposibilidad para los pueblos árabes de vivir bajo un modelo democrático. O, como los palestinos que lograron su proceso electoral legislativo (Somos conscientes que Tsahal, el Ejército de Defensa Israelí, reprimió a los nuevos elegidos). Los libaneses también demostraron que sus instituciones funcionan. Aquello fue el crimen grandioso: la demostración de que Israel no fue el único estado democrático en la región.

 

Divide y prevalece. Esto puede ser una de las maniobras intentadas durante la guerra del pasado verano 2006, sin éxito. La división de las comunidades libanesas fue un objetivo estratégico, confirmada por las declaraciones del número dos del estado mayor en febrero 2006. Por lo tanto, esto explica los bombardeos dirigidos (Pueblos chiítas en el sur arrasados, pueblos colindantes cristianos a unos kilómetros de distancia descartados). Pero al final, el estallido interno esperado no tuvo lugar. Al contrario, fue un impulso de solidaridad nacional  que unió al pueblo. Una vez más, la voluntad de quebrar el espíritu libanés – el supuesto objetivo del asesinato de Hariri – lamentablemente fracasó.. El Líbano fue incluso capaz de dar vida a un simulacro de unidad nacional.

 

Israel nunca actúa sola. Somos conscientes de ello. Sólo los imbéciles piensan lo contrario. Sin embargo, debemos mirar desde el punto de vista americano, así como el de nuestros aliados en la región. Pero, entonces, quién quiere destruir el Líbano? Porqué? Y quién es capaz de mostrar una auténtica y fuerte voluntad política para desempeñar el papel de constructor? Estas son las preguntas a las cuales el libro intentará dar respuesta. Claro, pragmático, lógico, y argumentativo. Todos los elementos mencionados dan en la diana. El Fénix del Levante se levantará, pero también tiene que ser asistido. Puesto que, como Ghassan Tueni dijo, El Líbano, tan pequeño país, pero tan grande el mensaje que conlleva… no debe sacrificarse sobre el altar capitalista. Ya que la economía no lo es todo, El Líbano no es tan solo un destino. Mas bien, debe forjarse un destino para si mismo:       convertirse en la luminaria de la democracia en Oriente Medio. Para ello, debe antes que nada cuestionar su historia, incluso la más reciente.

 

Y no hay que rendirse a la desesperación. Puesto que, en vista de tantas calamidades, es el sentimiento de impotencia que prevalece, tal como nos lo recuerda ciertamente Samir Kassir en su libro titulado: Consideraciones en la problemática árabe. La impotencia es indudablemente el emblema de la problemática árabe hoy en día. La impotencia siendo lo que pensamos debe ser. La impotencia de actuar afirmando lo que pensamos debe ser. La impotencia de actuar afirmando tu voluntad de existir, no se asemeja a una probabilidad, enfrentándose al otro que te niega, te desprecia y ahora, una vez más, te domina. La impotencia de acallar el sentimiento de que no eres más que excedente de plusvalía sobre el tablero planetario, cuando la partida se juega en su localidad… Esta es la visión contra la cual el Líbano debe edificarse hoy en día.

 

 

 
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